Lo agarré, lo partí en dos, lo tiré al suelo, lo pisoteé, y empujando al tenebroso rey del trueno fuera de mi casa, arrojé su cetro de cobre roto detrás de él.
Pero a pesar de mi manera de tratarlo, a pesar de mis adevertencias a los vecinos, el hombre del pararrayos aún vive entre nosotros, aún viaja durante las tormentas y aún trafica con los temores de los hombres."
Herman Melville. El vendedor de pararrayos.

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